Colimot–Istmos Imprimir E-mail
VERÓNICA ZAMORA/Este nuevo espacio electrónico en el que saludo a la comunidad, está pensado para que juntos recorramos los senderos del significado del ser colimense.

La comida, la bebida, la palabra, la nostalgia de nuestra bella ciudad y su gente, su historia. La manera en que somos colimotes y nos gusta serlo, como en el poema de Guillermina Cuevas: De Colima me gusta…

Al andar se hace camino

Caminar por los senderos del norte de nuestro estado es una opción para todos aquellos que tienen una inclinación hacia la naturaleza. Recuerdo las largas caminatas por el rumbo de Rancho Alto, subiendo y bajando por mágicas veredas impregnadas de aromas a Anís, acompañada de mi hija Estefanía y por inolvidables amigos como Salvador Márquez Gileta, ese narrador natural de maravillosas historias, escritor, intelectual. Cantaba canciones de Enrique Guzmán o discutía con Jorge Velasco Rocha sobre algún inusitado tema social o filosófico. Muy cerca venía el Quetzal, un enorme labrador negro, noble y obediente. Entre la niebla muchas veces descendimos de los altos pinares, envueltos por un frío de montaña, una leve llovizna que nos hacía amar la taza de café, el primer sorbo; el tarot de Jorge esperando sobre la mesa junto a los libros de Borges.

Caminar rumbo a los enormes potreros o bajar la barranca. Subir por entre rocas hacia la mesa de la yerbabuena. Una parte de la juventud de varias generaciones de colimenses ha pasado por sus paisajes y han amado profundamente estas zonas mágicas sin autos, sin cervezas, sin estéreos a todo volumen. Zonas cafetaleras, pequeñas rancherías y comunidades al pie del Volcán negándose a despertar a modernidades absurdas. El bosque de El Borbollón, en los límites con Jalisco, lugares que recuerdan a los cristeros. Altos territorios de niebla y musgo y orquídeas. Venado y jabalí, decían los lugareños que podríamos encontrar en el camino. Lagunas y árboles centenarios como  El Guardián, celebrado y velado por secretas hermandades globales de nuevos nómadas. A caminar como los poetas sobre las colinas de esta querida tierra con las palabras de Antonio Machado: Yo voy soñando caminos/de la tarde. ¡Las colinas doradas, los verdes pinos,/las polvorientas encinas!.../¿Adónde el camino irá?/Yo voy cantando, viajero/a lo largo del sendero.../la tarde cayendo está.

 


                  

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